| | El deseo inconsciente, escribe desde la cama 2 de un hospital, junto a la ventana, tercera planta… con el silencio de la noche y con su calma …esa calma que traen los momentos necesarios… espejos frente a uno mismo…
Tiene, en su repertorio cosas buenas y malas, con un aroma inconsciente a tranquilidad. No acierto a adivinar si es acertada o no mi postura; pero entiendo que no puedo sentirlo de otro modo y reacciono junto al deseo de esta forma, como algo innato, como una naturaleza que me supera, o quizá, como si algo dentro, muy muy dentro… supiera secretos que yo aun no llego a alcanzar y por eso no se angustia y sonríe… En su enjambre de lazos entrelazados el deseo te habla de cosas desmielinizantes y en su eco resonante a veces te trae recuerdos de cosas pasadas y explica aquello que parecía perdido… y le da explicación a hechos que vinieron y se fueron…a cosas que en su momento acepté sin un porqué y que ahora tienen su diagnóstico .
El Deseo, irónico e incomprensible… a su vez deja una semana de mil aventuras, vivencias cargadas de entusiasmo, sonrisas por los pasillos, momentos inolvidables y personas que sin querer te marcan. Y es que este deseo tiene impregnadas las conversaciones y las risas junto a ellas, lleva sujeto cada instante emotivo, a las personas anónimas que se cruzan en el ascensor y te regalan una sonrisa, los cigarros en la entrada, las risas de improvisados amigos, de testimonios y confidencias que te hacen suspirar; Sí, el deseo tiene tatuado cada rostro de los pasillos, el cariño de los médicos, los compañeros de habitación, esa limpiadora que me reñía… el tirón de orejas de las enfermeras cuando me escapaba, las bromas con el termómetro que no me quería reconocer, el pijama tres tallas más grande, los paseos por el pasillo, la corrida de toros en el jardín, el curandero gitano con su energía de café descafeinado, los ascensores que bajaban en vez de subir…y la cafetería con tichet de entrada y salida… El deseo es un homenaje a esa noche de capuchino y ta baco, sentados en un jardín bajo la luz de las estrellas, a las largas conversaciones en pijama azul y a las risas… es un guiño a cada una de las anécdotas que iban explotando alrededor, irónicas, a veces subrealistas, divertidas, algunas enternecidas y otras, duras… porque no lo olvidemos, el deseo también es duro. Al Deseo, le sucede como a este bolígrafo casi sin tinta, que intenta a borbotones escribir y sus líneas sólo escriben trocitos de ese impulso arrebatado de tantas ideas atropelladas que quieren salir, también aquellas otras externas, bombardeo de mil detalles, sutiles e imprevisibles, que quieren entrar. Tiene algo especial, capaz de transformar la dureza de un hospital en un cúmulo de segundos que llevan sonrisa, cada instante en el ascensor, en el pasillo, los comentarios alegres de las enfermeras, el cruce de sonrisas en la entrada, las palabras llenas de sentimiento, los chistes, las historias de uno, las de aquel otro, la corrida de toros con silla de ruedas de ese hombre alegre, un cigarro a medias en la puerta de urgencias… El deseo es una mezcla de todo. Viento 2009
| |